Los mercados presionan a Reino Unido: el bono a 10 años roza el 5,34%
El coste de la deuda británica marca máximos desde 2007 y los inversores exigen al Gobierno de Andy Burnham un plan de ajuste antes del presupuesto del 28 de octubre.

Reino Unido paga su deuda más cara que ningún otro socio del G7 y los inversores han empezado a exigir concreción. El bono británico a 10 años, conocido como gilt, cerró el viernes en el 5,34%, cerca de sus niveles más altos desde agosto de 2007, según los datos recogidos por Expansión con referencias de Reuters. El mensaje del mercado es claro: quiere ver cómo piensa el Gobierno cuadrar las cuentas antes del presupuesto previsto para el 28 de octubre.
Qué está pasando con la deuda británica
La rentabilidad de un bono soberano funciona como termómetro de la confianza: cuando los inversores dudan de la solidez de unas cuentas públicas, exigen más interés para prestar. En el caso británico, el gilt a 10 años ha subido 0,38 puntos en un mes y 0,74 puntos en el último año. La semana pasada, el Tesoro británico colocó 4.250 millones de libras a 30 años con un coste del 5,82%, el más alto desde 1998.
El encarecimiento no es exclusivo de Londres —los tipos a largo plazo se han tensionado en buena parte del mundo—, pero Reino Unido es quien más paga dentro del G7. La firma de inversión Panmure Liberum calcula que ese repunte supondrá 6.000 millones de libras adicionales (unos 7.000 millones de euros) de gasto en intereses en 2026. Y los analistas esperan cuatro subidas de tipos en los próximos meses, la primera esta misma semana, lo que encarecería aún más la factura.
Un Gobierno nuevo con un margen estrecho
Andy Burnham llegó a Downing Street el 20 de julio con una agenda de gasto: eliminar temporalmente el IVA de las facturas eléctricas, acabar con el sinhogarismo, topar el precio del autobús en dos libras y reforzar el control público sobre servicios como el agua o el transporte. El coste estimado se mide en varios miles de millones y puede crecer según cómo se concreten esas intervenciones.
El problema es que el Ejecutivo mantiene las metas de déficit y deuda heredadas de la etapa de Keir Starmer. Si no las toca, solo le quedan dos palancas: subir impuestos o recortar en otras partidas.
Rupert Harrison, asesor sénior para Reino Unido de Pimco y antiguo colaborador del exministro conservador George Osborne, lo resumía así: "En credibilidad fiscal, los mercados tratan ahora a Gran Bretaña como culpable hasta que no se demuestre lo contrario". Añadía que unos recortes de calado ayudarían a reconstruir esa credibilidad, pero que el mercado no lo considera probable con este Gobierno.
La sombra del minipresupuesto de 2022
Matthew Amis, director de inversiones en Aberdeen Investments, sitúa el origen de esta vigilancia extra en septiembre de 2022, cuando la entonces primera ministra Liz Truss anunció una rebaja fiscal de 45.000 millones de libras sin explicar cómo se financiaría. El episodio disparó el coste de la deuda y sigue condicionando la lectura que hacen los inversores. El titular de Hacienda, John Healey, volvió a citarlo esta semana al lamentar el precio que paga hoy el Tesoro.
Pensiones, ayudas y defensa: las tres presiones
Con una deuda de tres billones de libras y un presupuesto en torno al billón, las tres partidas que más tensionan las cuentas son las pensiones, las prestaciones sociales y la defensa. Las previsiones apuntan a que el gasto del Estado del bienestar crecerá un 20% hasta 2030, hasta 400.000 millones de libras, una cuarta parte del presupuesto de ese año. Solo el servicio de la deuda, que ya absorbe casi una de cada diez libras que gasta el Estado, llegaría a 160.000 millones.
Dentro de ese bloque, las pensiones costarían un 15% más (200.000 millones) al final de la década y las prestaciones por discapacidad y enfermedad se dispararían una cuarta parte, hasta 170.000 millones. A ello se suma el compromiso de elevar el gasto en defensa al 3,5% del PIB en 2035, sin que se haya detallado de dónde saldrá el dinero.
David Aikman, director del Instituto Nacional para la Investigación Económica y Social, reclama actuar ya: "Necesitamos tomar decisiones".
El colchón se ha reducido
La anterior responsable de Hacienda, Rachel Reeves, dejó un margen presupuestario de 23.600 millones de libras. Los analistas estiman que se ha reducido a la mitad o menos por el encarecimiento de la deuda y el conflicto en Irán. Sanja Raja, economista de Deutsche Bank, calcula que el presupuesto de octubre incorporará un aumento de gasto de entre 20.000 y 50.000 millones de libras.
La banca ya se ha movido: el consejero delegado de JPMorgan, Jamie Dimon, se reunió con Burnham y Healey para advertir de las "nocivas consecuencias" de subir los impuestos al sector, una posición que comparte Jane Fraser, de Citi.
En medio de la tensión, un dato positivo: el PIB británico creció un 0,4% en julio, por encima de lo esperado. Pero lo que la City quiere ver el 28 de octubre no son promesas, sino qué se recorta y qué impuestos se tocan.
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Elaborado a partir de información publicada por Expansión · Fuente primaria: documento original