Marc Vidal cifra la deuda global en 353 billones y alerta del coste para la clase media
El analista sostiene que la deuda mundial suma 353 billones de dólares y que su coste se traslada a los hogares vía inflación e hipotecas más caras.

El analista y divulgador Marc Vidal ha dedicado su último vídeo a un tema que, según él, explica por qué muchos hogares cobran más que hace diez años y llegan peor a fin de mes: el volumen de deuda acumulado en el mundo y quién paga realmente su coste. Su cifra de partida es que la deuda global suma ya 353 billones de dólares, recogida por Merca2.
La tesis que defiende es que, desde 2008, cada tensión financiera se ha resuelto con la misma receta —emitir dinero, endeudarse más o aplazar el ajuste— y que la factura no aparece como un recorte visible, sino repartida en forma de inflación, hipotecas más caras y ahorros que pierden poder de compra.
El cambio no es cuánta deuda hay, sino quién la compra
Vidal insiste en que Estados Unidos sigue colocando todos los bonos que emite, pero ha cambiado el perfil del comprador. Cita datos del Tesoro estadounidense correspondientes a los doce meses cerrados en junio de 2026: las instituciones oficiales extranjeras —bancos centrales y organismos públicos— fueron vendedoras netas, mientras los inversores privados extranjeros sí compraron.
La diferencia, argumenta, no es menor. Comprar un bono con ahorro propio no es lo mismo que comprarlo con dinero prestado a corto plazo que hay que renovar constantemente. Para el analista, la fragilidad no está en el activo, sino en cómo se financia su compra: quien depende de crédito renovable no decide cuánto tiempo puede aguantar la posición.
Los tres depósitos y el margen que se agota
Para explicar el recorrido del dinero público, Vidal propone seguir tres vasos comunicantes: la cuenta del Tesoro en la Reserva Federal, las reservas de los bancos y la llamada facilidad de recompra inversa (RRP), un instrumento donde los fondos aparcan efectivo a un día en el banco central. Cuando un fondo retira dinero de ahí y compra letras del Tesoro recién emitidas, el Estado se financia y el efectivo vuelve al sistema bancario sin que la Fed adquiera un solo bono.
Ese colchón superó los 2 billones de dólares según los registros de la Reserva Federal de Nueva York, pero el 11 de septiembre de 2026 su uso era de apenas 5.255 millones. La conclusión que extrae es que queda poco margen para repetir el trasvase y que, además, comprar letras a corto plazo no resuelve quién sostiene los bonos a largo.
Fondos apalancados y el riesgo de liquidez
Ahí sitúa a los fondos apalancados y la estrategia conocida como base trade: comprar bonos del Tesoro, vender futuros sobre esos mismos bonos y multiplicar un margen mínimo con dinero prestado en el mercado de repos. Recuerda que investigadores de la propia Fed estimaron en 2025 que las compras netas de fondos domiciliados en las Islas Caimán entre 2022 y 2024 equivalieron al 37% de la emisión neta de notas y bonos del periodo.
El problema que señala no es que esa demanda sea falsa, sino que puede desaparecer de golpe. Pone dos ejemplos: en septiembre de 2019 el tipo del repo estadounidense se disparó por encima del 5% y la Fed tuvo que inyectar efectivo sin que existiera ningún impago; y en septiembre de 2022 los fondos de pensiones británicos vendieron bonos para cubrir garantías, lo que obligó al Banco de Inglaterra a intervenir. Es la distinción, dice, entre solvencia y liquidez.
Oro, Japón y Francia
El vídeo enlaza esta situación con la compra de oro por parte de los bancos centrales: 289 toneladas en el segundo trimestre según el Consejo Mundial del Oro, récord para ese periodo. Vidal no lo lee como una huida del dólar, sino como diversificación tras la congelación de las reservas del banco central ruso en 2022. Y matiza que Rusia fue el mayor vendedor neto de oro en ese trimestre: cuando un Estado necesita efectivo, hasta el activo refugio sale al mercado.
Japón y Francia aparecen como los casos sin el privilegio del dólar. El bono japonés a diez años tocó el 3% el 1 de septiembre, máximo en tres décadas, y la subasta a treinta años se adjudicó dos días después al 4,08%. Francia cerró 2025 con una deuda del 115,6% del PIB y un déficit del 5,1%, con su bono a diez años por encima del 4,13% a finales de agosto. En España, el bono a diez años también ha superado el 4%.
Su conclusión, apoyada en el economista Hyman Minsky, es que los rescates monetarios llegan rápido y favorecen a los mismos intermediarios, mientras el ajuste se reparte entre hipotecas al alza y ahorros devaluados. Un diagnóstico que coincide en parte con el de otros analistas que han advertido del alza de la deuda pública en Estados Unidos, Francia y Japón. Se trata, en todo caso, del análisis de un divulgador, no de una previsión oficial.
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Elaborado a partir de información publicada por Merca2 · Fuente primaria: documento original