Indra invierte 10 millones en la cuántica catalana Qilimanjaro junto a la SETT
La startup Qilimanjaro cierra una Serie A de 19,6 millones: 10 llegan de IndraMind y 9,6 de la sociedad pública SETT.

Indra ha entrado en el capital de Qilimanjaro Quantum Tech, una empresa emergente catalana dedicada a la computación cuántica, con una aportación de 10 millones de euros. La operación forma parte de una ronda de Serie A de 19,6 millones que completa la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica (SETT), dependiente del Ministerio para la Transformación Digital, con otros 9,6 millones. Lo ha adelantado Merca2.
Una ronda de Serie A es la primera gran inyección de capital institucional que recibe una compañía joven, posterior a las aportaciones iniciales de fundadores y pequeños inversores, y suele destinarse a escalar el producto y el equipo.
Qué hace Qilimanjaro
Fundada en 2019, la compañía desarrolla ordenadores cuánticos tanto analógicos como digitales. Su tecnología está integrada en el Barcelona Supercomputing Center (BSC-CNS), uno de los mayores centros de supercomputación de Europa, donde opera el primer ordenador cuántico analógico instalado en un centro europeo de computación de alto rendimiento.
La computación cuántica trabaja con unidades de información —los cúbits— que no se limitan al 0 y al 1 de la informática convencional, lo que en teoría permite resolver determinados problemas inabordables para los ordenadores actuales: diseño de materiales, criptografía, optimización logística o simulación farmacéutica.
Marta Estarellas, consejera delegada de Qilimanjaro, resumió así el acuerdo: «Con ellos unimos fuerzas para acercar la computación cuántica a los sectores estratégicos de la industria, y para que la cuántica que se construye en España siga creciendo en España».
Por qué invierte Indra
El grupo participa a través de IndraMind, su plataforma de inversión tecnológica, una fórmula que permite aislar este tipo de apuestas del negocio principal. Ignacio Martínez, director general de IndraMind, justificó la entrada por tratarse de «un ámbito estratégico», con desarrollos aplicables a defensa, seguridad e industria.
La compañía sostiene que la operación refuerza sus capacidades en inteligencia artificial aplicada a sistemas físicos, robótica y análisis de fenómenos vinculados a la energía, los materiales o el electromagnetismo.
No es el primer movimiento de Indra en el ecosistema emergente catalán: antes entró en Sateliot, dedicada a la conectividad vía satélite. El patrón se repite: participaciones minoritarias en compañías jóvenes alineadas con líneas estratégicas de largo plazo.
El plan catalán: 550 millones y 1.500 empleos
La inversión se enmarca en un plan anunciado en mayo, cuando Indra comunicó su intención de elevar un 50% su facturación en Cataluña, hasta 550 millones de euros, y de crear 1.500 empleos cualificados antes de 2027. En la presentación de ese plan se firmaron 19 acuerdos con pymes, empresas emergentes y centros de investigación de la comunidad.
Enric Blasco, responsable de Indra Group en Cataluña, describió el territorio como «uno de los principales polos europeos en ámbitos capitales para la actividad de nuestra compañía».
El contexto tiene un trasfondo reivindicativo. Según las patronales y cámaras catalanas, el tejido industrial de la región no figura en los corredores definidos por la estrategia estatal de defensa ni tiene presencia consolidada en los principales instrumentos europeos del sector. Esas organizaciones han presentado una hoja de ruta para 2025-2030 con el objetivo de atraer más actividad de defensa; un estudio de la Cámara de Comercio de Barcelona cifra el potencial en 1.000 millones de euros de valor y 10.000 empleos.
Una tecnología con promesa y sin facturación
La cuántica es hoy una de las fronteras tecnológicas con mayor expectativa y menor volumen de negocio. La mayoría de los desarrollos están a años de convertirse en productos comerciales a escala, y las compañías que los impulsan necesitan rondas sucesivas de capital antes de generar ingresos recurrentes.
Para un grupo cuyas ventas se cuentan por miles de millones, 10 millones de euros son una cifra modesta que no altera su cuenta de resultados. Lo relevante, señala Merca2, es el posicionamiento: acceso preferente a una tecnología desarrollada en España con aplicaciones en defensa, seguridad y tráfico aéreo. La acción de Indra no registró movimientos apreciables tras el anuncio.
La participación de la SETT apunta a otra lectura: el Estado empieza a desplegar instrumentos para retener talento y propiedad intelectual en territorio nacional, en una carrera donde Países Bajos, Alemania o Reino Unido llevan años invirtiendo más. Operaciones de este tipo se suman a un ecosistema inversor que también se mueve en otros frentes, como los nuevos fondos de capital privado español. La prueba estará en los hitos: si los equipos de Qilimanjaro logran aplicaciones comerciales verificables y si el plan catalán de Indra cumple sus objetivos de 2027.
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Elaborado a partir de información publicada por Merca2 · Fuente primaria: documento original