Los titulados superiores ganan un 64,8% más que quienes solo tienen la ESO
El Informe CYD 2025 cifra en 27.785 euros la renta media de los graduados superiores en España, pero solo el 36,4% de los empleos son de alta cualificación.

Tener un título universitario o de formación superior sigue traduciéndose en más empleo y mejores salarios en España, aunque la ventaja ya no depende solo de tener el papel. Así lo refleja un reportaje publicado por ABC a partir de los datos del Informe CYD 2025, que combina estadísticas de Eurostat, de la OCDE y de las propias universidades.
Qué dicen las cifras
Según ese informe, elaborado por la Fundación CYD con datos de Eurostat referidos a 2024, los graduados superiores españoles percibían una renta media equivalente de 27.785 euros. Esa cantidad es un 64,8% superior a la de quienes solo completaron los estudios obligatorios y un 35% mayor que la de los titulados en enseñanzas postobligatorias no terciarias, es decir, Bachillerato o ciclos medios de Formación Profesional.
Montse Álvarez, del gabinete técnico de la Fundación CYD, resume la correlación: a mayor nivel formativo, mayor tasa de actividad y de empleo y menor tasa de paro. A eso se suma una proporción más alta de contratos a jornada completa y una renta disponible superior.
No todos los títulos valen lo mismo
La ventaja, sin embargo, no se reparte por igual. La inserción laboral varía mucho según el ámbito de estudio: Ingeniería, Salud e Informática registran mejores resultados en afiliación a la Seguridad Social, empleo a tiempo completo, adecuación del puesto a la formación e ingresos. Artes y Humanidades afrontan más dificultades. La Radiografía del Sistema Universitario Español de la Fundación CYD detecta diferencias de más de 19.400 euros en el salario medio cuatro años después de graduarse entre los campos con mejores y peores resultados.
El proyecto U-Ranking, impulsado por la Fundación BBVA y el Ivie, incorporó en 2025 la inserción laboral a sus indicadores, junto a docencia e investigación, y su edición de 2026 vuelve a centrarse en la conexión entre universidad y mercado de trabajo.
La paradoja española: muchos titulados, pocos puestos cualificados
El principal desajuste no está en la oferta de formación, sino en la demanda de la economía. En 2024, el 47,2% de los ocupados españoles eran graduados superiores, el octavo porcentaje más alto de la UE-27. Pero solo el 36,4% de los empleos generados por la estructura productiva española eran de alta cualificación, el tercer porcentaje más bajo de la Unión. Dicho de otro modo: hay más titulados que puestos capaces de aprovechar esa cualificación, lo que empuja a parte de esos trabajadores a ocupaciones por debajo de su formación.
A ese desequilibrio se añade otro de composición. Los titulados STEM (siglas en inglés de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) representan el 18,2% de los graduados españoles, frente al 24,8% de media europea. Y el estudio PIAAC 2023 de la OCDE, que mide competencias de la población adulta, sitúa a los graduados superiores españoles por debajo de la media de la organización en comprensión lectora, matemáticas y resolución de problemas.
Del título a la formación continua
El segundo cambio de fondo es que la formación superior ha dejado de entenderse como una etapa cerrada al principio de la vida adulta. Miguel Bernabé Castaño, director del Centro de Orientación y Empleo de la UNED, lo plantea así: «El título, por sí solo, no garantiza el éxito profesional. El verdadero valor de la formación superior no está en el título, sino en lo que una persona es capaz de hacer con él». Entre los egresados de esa universidad, tres años después de terminar sus estudios el 77% estaba ocupado —porcentaje que llega al 90% en algunos ámbitos— y cerca de la mitad decía haber mejorado categoría profesional y condiciones salariales.
Junto a másteres y posgrados ganan terreno las microcredenciales y los programas cortos y modulares de especialización, que permiten sumar competencias sin repetir titulaciones largas. Son las fórmulas asociadas al upskilling (mejora de competencias) y al reskilling (reciclaje hacia otras funciones).
María Fernández Torres, responsable del servicio de orientación profesional y empleo de la Universidad Pontificia Comillas, insiste en el papel del vínculo con las empresas para detectar qué conocimientos demanda cada sector y ajustar la oferta formativa. También señala que lo que más valoran hoy las compañías, además de la parte técnica, son competencias transversales como el pensamiento crítico, el análisis, la comunicación o el liderazgo.
El retrato final es menos automático que hace unas décadas: la formación superior sigue funcionando como ascensor profesional, pero su recorrido depende de la titulación elegida, de las competencias reales adquiridas, de la relación con el tejido empresarial y de que la economía cree empleos que aprovechen esa cualificación. Es el mismo debate que aparece cuando se analizan las subidas salariales pactadas en los convenios y su capacidad de seguir el ritmo de los precios.
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Elaborado a partir de información publicada por ABC Economía · Fuente primaria: documento original