Las 'stablecoins' refuerzan al dólar y ponen en guardia al BCE
El mercado de monedas estables supera los 300.000 millones de dólares y el 98% está anclado al billete verde. Europa teme perder soberanía monetaria en los pagos digitales.

El dinero digital se ha convertido en un asunto de política monetaria de primer orden. Las llamadas stablecoins —tokens cuyo valor está anclado a una moneda tradicional como el dólar o el euro mediante reservas de efectivo, depósitos o deuda pública— han pasado de ser una herramienta interna del mundo cripto a una infraestructura de pagos internacionales. Y casi todas están denominadas en dólares, algo que el Banco Central Europeo observa con creciente inquietud, según recoge elDiario.es.
De 10.000 a más de 300.000 millones en seis años
La cifra que resume el fenómeno es su velocidad. En apenas seis años, el valor de mercado de estas monedas estables ha pasado de menos de 10.000 millones de dólares a superar los 300.000 millones. Cerca del 98% de ese mercado está vinculado al dólar estadounidense.
El detalle relevante no es solo el tamaño, sino dónde están las reservas que respaldan esos tokens. Los dos grandes emisores mundiales, Tether y Circle, mantienen buena parte de sus reservas en letras del Tesoro de Estados Unidos y otros activos líquidos. Es decir, cada dólar digital emitido acaba financiando, en la práctica, deuda pública estadounidense. Se ha creado así un comprador estructural de bonos del Tesoro que no existía hace una década.
El uso también ha cambiado. Lo que nació para mover dinero dentro de los mercados de criptoactivos se emplea hoy para remesas, comercio electrónico y ahorro, sobre todo en países con monedas débiles y alta inflación, donde el acceso a dólares físicos es limitado.
Washington regula para consolidar la hegemonía del dólar
La Administración de Donald Trump ha optado por integrar el fenómeno en lugar de frenarlo. La aprobación de la Genius Act, en el verano de 2025, incorpora las monedas estables al sistema monetario estadounidense fijando requisitos de respaldo íntegro con activos líquidos y condiciones de reembolso.
El objetivo estratégico es explícito: que el dólar siga siendo la moneda de referencia también en la economía tokenizada, en los pagos transfronterizos y en las redes financieras que se construyan sobre cadenas de bloques. Para Eswar Prasad, profesor de la Universidad Cornell, se trata de "una nueva etapa en la evolución global del dólar" que puede alterar "la competencia entre monedas de reserva, la transmisión de las estrategias monetarias y el funcionamiento de la arquitectura financiera internacional".
Qué teme exactamente el BCE
El temor europeo tiene tres patas. Primera, que una expansión masiva de tokens en dólares reste protagonismo al euro en los pagos digitales. Segunda, que los depósitos migren desde la banca comercial hacia emisores privados, lo que reduciría la base de financiación de las entidades. Tercera, que todo ello complique la transmisión de la política monetaria, es decir, la capacidad del banco central de que sus decisiones sobre tipos lleguen a la economía real.
Christine Lagarde ha insistido en que el BCE no pretende impedir que estas monedas existan, sino evitar que la innovación derive en pérdida de soberanía monetaria. De ahí el proyecto de euro digital sobre infraestructura europea propia. La UE ya cuenta además con el reglamento MiCA, que permite emitir monedas estables denominadas en euros bajo supervisión.
El contexto de rivalidad no ayuda. La intervención estadounidense vendiendo euros para apuntalar el yen, sin coordinación previa con Fráncfort, ha reforzado la lectura de que la política monetaria ha entrado en una fase de competencia geopolítica. Barry Eichengreen, profesor en Berkeley, comparte ese diagnóstico.
La advertencia del Banco de Pagos Internacionales
Pablo Hernández de Cos, director general del BIS y exgobernador del Banco de España, reconoce las ventajas de la tokenización: pagos internacionales más baratos, liquidación más rápida y dinero programable. Pero advierte de un problema de fondo: estas monedas no se liquidan en dinero de banco central, por lo que no garantizan plenamente la convertibilidad a valor nominal en episodios de tensión financiera. Menciona también riesgos de blanqueo y de pérdida de eficacia monetaria "si una parte significativa de los depósitos migra a emisores no bancarios".
El BIS defiende una arquitectura alternativa basada en dinero de banco central, depósitos bancarios tokenizados y activos interoperables en plataformas comunes. Morgan Stanley apunta en la misma dirección: la tokenización reduce costes y acelera liquidaciones en la banca mayorista sin sustituir el sistema existente. El sector financiero español ya explora estas vías, como muestran los proyectos de tokenización de participaciones empresariales.
China va por otro camino
Pekín apenas impulsa monedas estables privadas para internacionalizar el renminbi. Su apuesta es un yuan digital emitido por el propio banco central y proyectos como mBridge, pensado para pagos transfronterizos entre autoridades monetarias. Al mismo tiempo, permite que Hong Kong disponga de un régimen propio con reglas específicas, una vía de escape a las restricciones del continente.
Como tercera opción, el FMI y el BIS plantean monedas estables respaldadas por una cesta de divisas —dólar, euro, yen, libra y dólar canadiense— siguiendo la metodología de los Derechos Especiales de Giro, que según sus expertos "reduciría la dependencia respecto a una única divisa".
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Elaborado a partir de información publicada por elDiario.es Economía · Fuente primaria: documento original