La gasolina sube seis céntimos y el diésel baja 10 con el nuevo reparto de ayudas
Los cambios en el Impuesto Especial de Hidrocarburos que entran en vigor este martes recortan el descuento de la gasolina a cinco céntimos y elevan el del diésel a 20.

Septiembre arranca con un giro en la factura del repostaje que reparte las consecuencias de forma desigual entre conductores. Los cambios en las ayudas a los carburantes que entran en vigor este martes suponen que la gasolina se encarezca alrededor de seis céntimos por litro por la vía de los impuestos, mientras que el diésel se abarata unos 10,2 céntimos, según las estimaciones de la Confederación Española de Empresarios de Estaciones de Servicio (CEEES) recogidas por ABC.
Qué cambia exactamente
El ajuste afecta al Impuesto Especial de Hidrocarburos (IEH), el tributo que grava los carburantes y que se paga por litro repostado, con independencia del precio de venta. El mecanismo anticrisis vigente contemplaba un calendario de reducción progresiva de la bonificación: el descuento pasaba de 10 a cinco céntimos por litro. Eso es lo que ocurre con la gasolina desde este martes.
El diésel, en cambio, se ha acogido a una cláusula de emergencia incluida en el propio decreto. La norma establece que, si un carburante acumula en un año una subida superior al 15%, la ayuda vuelve a su nivel inicial de 20 céntimos por litro. El gasóleo cumplió ese requisito: entre julio de 2025 y julio de 2026 encadenó un alza del 15,7%, por encima del umbral. La gasolina se quedó fuera porque su encarecimiento interanual en el mismo periodo fue del 7,3%, muy lejos del límite.
Impacto en el depósito
Las gasolineras ya han empezado a trasladar el cambio a los surtidores, aunque de forma todavía parcial. La gasolina se ha situado en torno a 1,78 euros por litro y el diésel en 1,79 euros, con lo que ambos carburantes han igualado prácticamente su precio. Llenar un depósito medio de 55 litros cuesta en estos momentos alrededor de 98 euros en los dos casos, pero la brecha puede volver a abrirse en los próximos días a medida que las estaciones apliquen íntegramente el nuevo reparto fiscal.
Tomando como referencia los precios medios de la semana pasada, un repostaje de 55 litros de gasolina pasaría de 94,74 a 99,55 euros. En el diésel el movimiento es el inverso: de 102,35 euros a unos 97,9 euros. Son cifras estimadas por la patronal de estaciones de servicio a partir del efecto exclusivo de los impuestos, sin contar la evolución de la cotización internacional del crudo ni los márgenes comerciales.
El punto de partida explica por qué la medida ha llegado. En las últimas ocho semanas la gasolina acumula una subida del 19,8% y el diésel, de más del 23,7%. En plena operación retorno de agosto, llenar el depósito de gasolina costaba casi 13,5 euros más que un año antes; en el caso del gasóleo, la diferencia interanual llegaba a unos 24,9 euros. La semana pasada, según los datos citados por ABC, en torno a 500 gasolineras vendían ya el diésel por encima de los dos euros el litro.
El efecto en la inflación
Los carburantes vuelven a ser un factor determinante en la evolución de los precios. El indicador adelantado de agosto situó la inflación en el 4,3%, un repunte que el Instituto Nacional de Estadística atribuyó al empuje de los combustibles y al encarecimiento de los alimentos. Se trata de un dato provisional, que el organismo confirma o revisa semanas después.
El contexto no es aislado: la combinación de precios al alza, el coste de las hipotecas y el gasto en transporte ya viene tensionando los presupuestos familiares en la vuelta a la rutina, con septiembre como uno de los meses de mayor desembolso del año.
Qué pasa a partir de octubre
La clave está en la fecha de caducidad. El decreto que sostiene las bonificaciones tiene validez hasta el 30 de septiembre. Si decae sin prórroga, la CEEES calcula que desde el 1 de octubre la gasolina volvería a encarecerse otros seis céntimos por litro y el diésel subiría 24,1 céntimos, al perder de golpe la ayuda ampliada.
El Gobierno tendrá que decidir en las próximas semanas si extiende el mecanismo, lo modifica o lo sustituye por otras medidas. La decisión afecta de forma directa a los hogares con vehículo, pero también a los sectores en los que el combustible es un coste estructural: transporte de mercancías, reparto de última milla, agricultura, obra pública o cualquier pyme con flota propia, donde una variación de céntimos por litro se multiplica al cabo del mes.
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Elaborado a partir de información publicada por ABC Economía · Fuente primaria: documento original