Telefónica e IQM instalarán el primer ordenador cuántico de Madrid en la Politécnica
El equipo IQM Spark se instalará en la Universidad Politécnica de Madrid antes de que acabe 2026 y se abrirá a centros de investigación y startups.

Telefónica y la finlandesa IQM Quantum Computers han cerrado una alianza para instalar el primer ordenador cuántico de la Comunidad de Madrid. El equipo se ubicará en la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y estará operativo antes de que termine 2026, según ha adelantado Expansión.
No se trata de un superordenador destinado a resolver problemas industriales a gran escala, sino de una máquina pensada para formación e investigación en fases iniciales. El modelo elegido es el IQM Spark, un sistema de computación cuántica superconductora diseñado específicamente para universidades, laboratorios y proyectos en estado temprano de desarrollo.
Qué significa tener hardware cuántico propio
La computación cuántica trabaja con cúbits en lugar de bits. Mientras un bit clásico solo puede valer cero o uno, un cúbit puede representar ambos estados a la vez, lo que en teoría permite abordar ciertos cálculos —optimización de rutas, simulación de moléculas, modelización financiera— de forma mucho más eficiente que un ordenador convencional. La tecnología sigue en una fase experimental y su utilidad práctica depende todavía de que haya equipos capaces de programarla.
Ahí está el argumento del acuerdo. Hasta ahora, la mayoría de los grupos españoles que querían experimentar con algoritmos cuánticos tenían que hacerlo en remoto, conectándose a máquinas instaladas fuera. Con el equipo en la UPM, universidades, hospitales, centros de investigación y startups podrán acceder directamente al hardware para probar algoritmos y formar personal especializado.
El consejero delegado y cofundador de IQM, Jan Goetz, lo resumió así: la computación cuántica «alcanza su verdadero valor cuando deja de estar confinada a entornos remotos de laboratorio y se pone directamente en manos de quienes trabajan más cerca de los retos reales que puede ayudar a resolver».
El tercer equipo que Telefónica e IQM despliegan en España
La máquina de Madrid se suma a los dos ordenadores cuánticos que ambas compañías ya han suministrado al CESGA, el Centro de Supercomputación de Galicia. Con este, serán tres los sistemas desplegados en España por la alianza entre la operadora española y el fabricante finlandés.
Telefónica enmarca la operación dentro de una estrategia más amplia en tecnologías cuánticas que va más allá de la computación. La compañía trabaja también en redes y en criptografía postcuántica, es decir, sistemas de cifrado diseñados para resistir ataques de futuros ordenadores cuánticos capaces de romper los métodos actuales. Según la propia empresa, es la primera operadora en España que ofrece comunicaciones entre centros de datos protegidas con los nuevos estándares postcuánticos.
Borja Ochoa, presidente de Telefónica España y director general de B2B, situó el acuerdo como «un paso más» en la colaboración de la compañía con la Comunidad de Madrid en el despliegue de tecnologías cuánticas, tanto en redes como en el «blindaje de datos críticos» en sectores sensibles como la sanidad o la seguridad. Ochoa citó proyectos que van desde el desarrollo de fármacos contra el cáncer hasta la reducción del uso de cartón en empresas de empaquetado.
Madrid, en la carrera por la infraestructura tecnológica
El despliegue encaja en un movimiento más general de inversión en capacidad de cálculo en la región, que en los últimos meses ha visto proyectos como el de un centro de datos con chips de Nvidia en Alcalá. La diferencia es de escala y de propósito: aquellos buscan atender la demanda de inteligencia artificial comercial, mientras que el ordenador cuántico de la UPM tiene un perfil académico y de experimentación.
Para IQM, el contrato amplía una red internacional que ya incluye sistemas instalados en Europa, Asia y Norteamérica, varios de ellos en centros de supercomputación de referencia. La compañía defiende un modelo en el que el cliente final es propietario de la infraestructura, frente al acceso a cúbits alquilados en la nube que ofrecen otros fabricantes.
En el plano europeo, el proyecto se presenta como una contribución a la llamada soberanía tecnológica: la capacidad de un país o de la UE para disponer de infraestructuras críticas propias sin depender de proveedores de terceros países. Queda por ver qué casos de uso concretos salen del equipo madrileño una vez entre en funcionamiento.
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Elaborado a partir de información publicada por Expansión Empresas · Fuente primaria: documento original