El 42% de los jóvenes quiere invertir, pero solo el 12% dice saber cómo
Una encuesta de Banco Santander entre jóvenes de 18 a 30 años muestra una distancia notable entre el interés por invertir y el conocimiento real.

El interés de los jóvenes españoles por la inversión y el ahorro es alto, pero su percepción de cuánto saben sobre esos temas está muy por debajo. Es la conclusión principal de un estudio exploratorio de Banco Santander entre personas de 18 a 30 años, difundido con motivo del Día de la Educación Financiera. La brecha entre querer y saber es relevante porque esa franja de edad empieza a tomar decisiones —primer sueldo, primer alquiler, primer producto de ahorro— que condicionan su situación económica durante años.
Los números de la brecha
Según la encuesta, el 42% de los jóvenes consultados afirma tener un interés muy elevado por los asuntos relacionados con la inversión. Cuando la pregunta cambia y se les pide valorar su nivel de conocimiento sobre esa misma materia, el porcentaje que se considera muy preparado cae al 12%. Es decir, por cada joven que se siente con formación suficiente hay más de tres que muestran interés sin sentirse capacitados.
El patrón se repite en el ahorro, un terreno aparentemente más cotidiano. Prácticamente todos los encuestados dicen interesarse por cómo ahorrar mejor, pero solo el 22% reconoce dominar la materia. Y en términos generales, apenas el 13% califica de alto su nivel actual de conocimientos financieros, pese a que dos de cada tres son conscientes de que esos conocimientos les resultarán muy importantes para tomar decisiones en los próximos cinco a diez años.
Conviene subrayar un matiz metodológico: se trata de un estudio exploratorio y de autopercepción. No mide conocimientos mediante un examen, sino lo que cada persona cree saber. Eso tiene una lectura doble. Por un lado, la sensación de inseguridad puede ser mayor que la carencia real. Por otro, en finanzas personales la falta de confianza también tiene consecuencias: retrasa decisiones o, al contrario, empuja a seguir cualquier recomendación que suene convincente.
Un diagnóstico que ya venía de antes
La fotografía no es nueva. El informe internacional El valor de aprender, elaborado por la propia entidad a partir de 20.000 respuestas en diez países, mostró el año pasado la misma demanda: en España, el 71% de los participantes manifestó interés por ampliar sus conocimientos sobre ahorro y el 67% dijo lo mismo respecto a la inversión.
El contexto institucional también lleva años señalando este punto. El Día de la Educación Financiera, celebrado el pasado 5 de octubre, es una iniciativa impulsada por el Banco de España y la CNMV, el supervisor de los mercados de valores, dentro del Plan de Educación Financiera. El lema de esta edición fue «Ahorra. Invierte. Avanza», con el foco puesto en que las decisiones económicas se tomen con información y no por impulso.
El ruido como problema
Uno de los puntos que más se repiten en el diagnóstico es la dificultad para separar la información solvente del ruido. En un entorno en el que buena parte de los contenidos sobre dinero que consumen los menores de 30 años llega por redes sociales, la capacidad de distinguir una fuente fiable de un mensaje interesado se convierte en una competencia básica.
Marco López, responsable de Negocio de Valores y Mercados en Banco Santander, lo resumió así durante un seminario dirigido a jóvenes: «Nos encontramos con una generación que tiene curiosidad por la inversión, pero que muchas veces no cuenta con las herramientas necesarias para distinguir entre información fiable y ruido. El interés ya existe; el reto es acompañarlo con conocimiento para que las decisiones se tomen con criterio».
La entidad organizó más de 40 sesiones de educación financiera repartidas por España durante una semana a través del programa Finanzas para Mortales, impulsado junto al Santander Financial Institute, que según sus datos formó en 2025 a cerca de 37.000 jóvenes.
Por qué importa más allá del dato
La educación financiera no es un asunto meramente individual. Un consumidor que entiende qué está firmando reduce el riesgo de contratar productos que no le convienen, un terreno en el que los tribunales han tenido que intervenir en más de una ocasión: el Tribunal Supremo ha endurecido recientemente el control de las tarjetas revolving por falta de transparencia, un caso típico de producto mal comprendido en el momento de la contratación.
La información procede de Merca2, que recoge los resultados del estudio difundido por la entidad.
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Elaborado a partir de información publicada por Merca2 · Fuente primaria: documento original