España e Italia retiran los controles fronterizos impuestos tras la crisis de Ceuta
Los dos países dejan de prorrogar los controles en puertos y aeropuertos y los sustituyen por un refuerzo del intercambio de información dentro de Schengen.

España e Italia han acordado dejar sin efecto los controles recíprocos en sus fronteras interiores, los que afectaban a vuelos y enlaces marítimos de pasajeros entre ambos países. La medida, según informó el Ministerio del Interior y recoge Expansión, llega después de semanas de prórrogas cruzadas y devuelve la normalidad al tránsito de viajeros dentro del espacio Schengen entre dos de los grandes mercados turísticos del Mediterráneo.
Qué se decidió y cómo se llegó hasta aquí
El origen está en la decisión del Gobierno italiano de Giorgia Meloni de implantar controles a los pasajeros procedentes de España como respuesta a la crisis migratoria registrada en Ceuta a finales de julio, con la entrada irregular de miles de personas desde Marruecos. El Ejecutivo español respondió con una contramedida equivalente: el restablecimiento temporal de controles en las fronteras interiores aéreas y marítimas para los enlaces procedentes de Italia.
El desbloqueo se gestó al margen del último Consejo Europeo. Pedro Sánchez y Meloni acercaron posturas en la cumbre de líderes en Bruselas y el pasado 16 de octubre encargaron a sus respectivos ministros del Interior que materializaran la supresión en un plazo de siete días. Mientras se negociaba, Italia llegó a prorrogar los controles una semana más, con la correspondiente respuesta española.
Finalmente, los titulares de Interior de ambos países, Fernando Grande-Marlaska y Matteo Piantedosi, cerraron el acuerdo tras una reunión bilateral. Interior explicó que la decisión de no prorrogar los controles se adoptó "tras un minucioso análisis de la situación" y que irá acompañada de "un refuerzo del intercambio de información para garantizar la plena seguridad del espacio común de Schengen".
Qué significa Schengen y por qué importa
El espacio Schengen es la zona europea en la que se han suprimido los controles sistemáticos en las fronteras interiores: un pasajero que vuela de Madrid a Roma no pasa, en condiciones normales, por un control de documentación como el que existe en una frontera exterior de la Unión. Esa libertad de circulación tiene una traducción económica directa: agiliza el turismo, los viajes de negocios y la movilidad de trabajadores entre países.
El Código de Fronteras Schengen sí contempla la posibilidad de reintroducir controles de forma temporal cuando un Estado miembro aprecia una amenaza grave para el orden público o la seguridad interior. Pero la Comisión Europea ha defendido siempre que se trata de una herramienta "de último recurso" y ha pedido a los gobiernos que busquen alternativas que refuercen la vigilancia sin suspender la libre circulación.
Bruselas ya ha planteado ese tipo de medidas sustitutivas a otros países que mantienen controles de forma prolongada, como Alemania, Austria o Francia. Entre ellas figuran el refuerzo de la actuación policial conjunta con controles no sistemáticos, un intercambio de información más fluido y un mejor uso de la tecnología, por ejemplo con sistemas móviles de identificación biométrica o el seguimiento de vehículos.
Cooperación en lugar de colas
Fuentes italianas consultadas por Europa Press señalaron que los dos ministerios iban a trabajar para "valorar juntos medidas de cooperación sustitutivas". Desde el lado español se insistió en que el objetivo era "proceder a la eliminación" de los controles. Es decir, ambos países sustituyen la verificación en puertos y aeropuertos por una cooperación policial e informativa más estrecha.
Para el viajero, el efecto práctico es que desaparecen las comprobaciones añadidas en los enlaces aéreos y marítimos entre los dos países, que en plena temporada alta suponen tiempos de espera extra y costes operativos para aerolíneas, navieras y gestores aeroportuarios. España e Italia son, además, dos de los principales destinos turísticos de Europa y mantienen entre sí un tráfico intenso de pasajeros durante todo el año.
El episodio ilustra hasta qué punto una tensión migratoria puntual puede derivar en fricciones que terminan afectando a la movilidad ordinaria dentro de la Unión. La vía elegida ahora —más intercambio de datos y menos barreras físicas— es la que viene reclamando la Comisión Europea para evitar que lo excepcional se convierta en permanente.
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Elaborado a partir de información publicada por Expansión Política Económica · Fuente primaria: documento original